Fatiga crónica: cómo salir del bucle

la fatiga crónica en aumento

Según la OMS, la fatiga crónica es catalogada como una disfunción autoinmune, neurológica, recurrente y resistente a las medicaciones que termina por afectar al sistema hormonal.

Síntomas de la fatiga crónica

Quizá suframos fatiga crónica pero no sepamos detectarla, e incluso confundamos lo que nos pasa con otro tipo de molestia y/o enfermedad. Toma nota de los síntomas más comunes de la fatiga crónica:

  • cansancio y agotamiento extremo
  • desórdenes del sueño y/o sueño no reparador
  • intolerancia a la luz, a los sonidos fuertes y a los cambios de temperatura
  • dolores articulares, musculares, reacciones fuertes a los químicos o sensibilidad química múltiple.

Cuando analizamos esta sintomatología, no podemos menos que reflexionar en la analogía o significado profundo de una serie de enfermedades autoinmunes modernas, y éstas nos llevan a ver que son el reflejo de nuestra inadaptación al medio ambiente, en definitiva, al devenir de la vida.

Desde el punto de vista de la macrobiótica, la fatiga crónica comienza con el agotamiento orgánico y puede derivar en 7 consecuencias negativas:

  • Pérdida de energía
  • Irritación o hipersensibilidad
  • Mucosidad orgánica y congestión
  • Inflamación
  • Endurecimiento de los tejidos
  • Ulceración
  • Degeneración
  • Induración

Desde el punto de vista alopático, no existen sensores o instrumentos concluyentes de diagnóstico que reflejen la fatiga crónica, todas las conclusiones son hipotéticas. El diagnóstico se realiza después de revisar los antecedentes del caso clínico, pero no hay análisis de laboratorio o radiografías que lo constaten. Por esto, los tratamientos médicos siempre son paliativos, antiinflamatorios, somníferos, antidepresivos genéricos o apoyo psicológico.

Cuando una persona con fatiga crónica se realiza analíticas, estas analíticas normalmente reflejan una carencia de minerales como calcio, magnesio, minerales alcalinos, déficit de hierro y oligoelementos, bajos niveles de triptófano precursor de la serotonina, carencia de vitaminas liposolubles e hidrosolubles. La carencia de estos elementos no son concluyentes de una sola disfunción, son afines a muchas disfunciones y aunque están mostrando un estado carencial, podrían ser síntomas de una nutrición inadecuada. Todas estas son sustancias en las que se edifica y sostiene el organismo para estar en plenitud.

Estas sustancias tan necesarias, deberían estar presentes en el día a día, y no precisamente en forma de suplementos en pastillas o complejos vitamínicos. Las deberíamos obtener a partir de una dieta equilibrada y variada.

La nutrición inteligente para paliar la fatiga crónica

La nutrición inteligente y el estilo de vida armonioso son el pilar neurálgico de la buena salud y de la vitalidad. Es verdad que existen algunas enfermedades autoinmunes que pueden paliar sus síntomas transitoriamente con medicamentos alopáticos y/o homeopáticos, pero justamente en la fatiga crónica y en el cansancio extremo, donde la causa principal es la dieta inadecuada, solo con un cambio de los hábitos de vida que incluyen dieta y actividad física se podrá encontrar una solución real.

La alimentación dejó de ser el núcleo central como sustento de la vida, para convertirse en una cuestión científica, matemática de laboratorio, basada en nutrientes.

Es de la comida de cada día de donde obtenemos las vitaminas y minerales esenciales, por esto esta debe estar equilibrada sin carencias o excesos, por ejemplo en cuanto al calcio, el problema que se genera no tiene que ver con carencia en la dieta, tiene que ver por una parte el exceso y por otra por la nula absorción y la perdida a través de la orina causada por el consumo de proteína animal incluyendo los lácteos en todas sus formas. Con el consumo de lácteos, el calcio que no es biodisponible para la raza humana se almacena en las venas creando placa arterial, este calcio no se fija en los huesos.

Si partimos de la base que los nutrientes deben encontrarse en una dieta balanceada, los alimentos producidos por la agricultura intensiva, con abonos químicos y pesticidas y la industria transgénica, son exactamente lo opuesto, pues estos alimentos son pobres en oligoelementos, contribuyen a la acidificación y la desconexión del hombre y su biología con el entorno.

Así mismo, todos los alimentos que vienen de países tropicales y de latitudes lejanas les cuesta adaptarse al lugar de destino, por esto están recubiertos de ceras e infestados a químicos, para que puedan resistir largas travesías, esto conlleva a que vivamos una desadaptación al ingerirlos, nuestra microbiota (los microorganismos que viven en los intestinos) debería resonar con la microbiota de la tierra donde vivimos. Cuando la microbiota nos es tan ajena, está calculada por ejemplo para un clima donde todo el año hay 38º de temperatura. Estos microorganismos nos son muy distantes y desconocidos, el cuerpo tiene que hacer grandes esfuerzos de adaptación.

Otro aspecto claramente evidente en la fatiga crónica, son los metales pesados, y aquí tendríamos que revisar no solo la procedencia de la comida, (recuerdo un experimento que se hizo con unos cereales para el desayuno corn-flakes en concreto, se les ponía un imán y los cereales se adherían), los materiales con los que cocinamos, todos los revestimientos de las sartenes y ollas, el aluminio tanto en los utensilios como el uso obsceno que se hace del papel aluminio. El dentífrico con el que supuestamente “nos limpiamos cada día la boca”, las amalgamas dentales, las crema que usamos para el cuerpo, los artículos de aseo personal, la cosmética, los químicos con los que se limpia la casa.

Otro aspecto a cuestionar es el abandono de la dieta tradicional, las legumbres portadoras de triptófano precursor de la serotonina, se han dejado de consumir en un 94% en los últimos 20 años. Como podemos olvidar el valor nutricional de este humilde y grandioso alimento. Las personas con fatiga crónica tienen una disminución de la serotonina en el liquido encefaloraquídeo, la serotonina nos proporciona más resistencia al dolor. Las legumbres son como cápsulas de serotonina.

Las vitaminas del grupo B indispensables para corregir la fatiga crónica, están presentes en los cereales integrales en grano y están ausentes en los cereales refinados en forma de harinas, bollería, azúcar, arroz y pasta blanca.

Cuando buscamos los antioxidantes, no podemos pasar por alto las vitaminas liposolubles contenidas en mayor cantidad y cualidad en las diminutas semillas.

¿Sabías que los alimentos basados en plantas son des-inflamatorios y que opuestamente todos los productos animales son inflamatorios?

Si sufres de fatiga crónica o cualquier otra enfermedad autoinmune, es más inteligente tomar una alimentación basada en plantas que basar tu alimentación en productos animales y compensar con medicamentos antiinflamatorios.

Disfunciones autoinmunes y alimentación ¿qué comer?

Una amplia comprensión de la macrobiótica nos puede proporcionar una visión focalizada que nos permite detectar y comprender dónde se originó la fatiga crónica o cualquier otra disfunción, tratarla con eficacia y sanarla.

  • Por ejemplo, desde el diagnóstico oriental holístico, sabemos que las cefaleas y los dolores de cabeza, están relacionados con el mal funcionamiento del hígado. Al hígado le afectan los alimentos cárnicos, grasos, químicos, alcohol, proteína de concentración densa, los aceites adulterados, la comida horneada y de varios días.
  • El cansancio generalizado, la fatiga y el insomnio están relacionados con el mal funcionamiento de los riñones, puede ser a nivel energético o patológico. A los riñones también les afecta en gran medida la proteína animal concentrada, la sal refinada, el exceso de sal o beber en exceso. Todas las sustancias excitantes como la cafeína, la teína, mateteina, la teobromina, las bebidas cola, las drogas recreativas. Alimentos tropicales o muy altos en potasio como patatas. Pues hemos de recordar que la sangre tiene un fino equilibrio entre 7 partes de potasio por una de sodio, cuanto más se alejen de este equilibrio los alimentos, más esfuerzo tendrá que hacer el organismo para equilibrarse y sanarse, y en estas condiciones el organismo utiliza minerales alcalinos como el calcio, este en concreto se sustrae de los huesos, dando lugar a su consecuente pérdida. También se pierde el magnesio, el organismo entra entonces en la acidificación y enfermedad renal.
  • El desequilibrio emocional, las hipoglucemias reactivas y las alteraciones psicológicas como estrés, ansiedad, incluso los ataques de pánico, tienen su cuna en un páncreas muy activado o en desequilibrio. Todos los azúcares simples y los alimentos azucarados, destruyen el buen funcionamiento del páncreas, suscitando los vaivenes de subidas y bajadas de glucemia.
  • La tristeza y la depresión, que por supuesto obedece a más factores, a nivel orgánico, son los pulmones y los intestinos los responsables. Los lácteos y la proteína animal sin fibra, como carnes de animales de sangre caliente, llevan a la disfunción de los intestinos y los pulmones. Creando estreñimiento y putrefacción, impidiendo la correcta función de estos órganos de eliminación.

7 sugerencias para dejar atrás la fatiga crónica

Es el momento, hay que sanar, curar y volver a empezar. No será fácil, pero poco a poco, se consigue. ¡Hay que empezar!

  1. Sal del decreto y la creencia de “tengo fatiga crónica” y sustituyelo por una frase asertiva “Cada día gozo de más vitalidad”.
  2. Haz una transformación radical en tus hábitos alimenticios, elimina sustancias adictivas como café, azúcar, tabaco, alcohol, medicamentos auto recetados, bebidas azucaradas, alimentos precocinados, instantáneos, manufacturados y elige solo alimentos vivos que tengan la capacidad de germinar como cereales integrales en grano, legumbres o semillas. Mastícalo todo muy bien.
  3. Basa tu alimentación en plantas, toma más verduras, elígelas orgánicas y/o locales.
  4. Evita el uso de productos químicos, tanto en el aseo personal y maquillajes como para la limpieza del hogar. En contacto con la piel evita las fibras sintéticas o con tintes químicos.
  5. Empieza una rutina física diaria adaptada a tus posibilidades momentáneas, sabiendo que ésta va a cambiar, pues cada día te sentirás mejor. Puedes empezar por algo tan sencillo como elevar los brazos y los talones simultáneamente 10 veces cada día o caminar 20 minutos diarios.
  6. Para aliviar el dolor en la transición, recurre al shiatsu o a técnicas de calor externo, como compresas de jengibre, baños de pies con agua caliente y sal, baños con sales de Epson, exposición a infrarrojos o friega corporal. Asiste a una consulta con un educador macrobiótico para que te oriente cual es el más adecuado para ti.
  7. Realiza ejercicios respiratorios, meditación, y sobre todo mantente en la vibración de la gratitud. Los beneficios de vibrar en la gratitud son infinitos, te elevan la autoestima y con ello sales del victimismo, estas más feliz contigo y con todo lo que te rodea, ves el mundo de una manera más positiva, y ya no te identificas con la etiqueta “tengo fatiga crónica”.

¿Estás preparado/a para dejar atrás la fatiga crónica y enfocarte en el presente y el futuro? Tómate tu tiempo, inténtalo y confía. Vas a poder. Y si necesitas ayuda, pídela, no pasa nada. Puedes contactar con nosotros para una consulta de orientación alimentaria. Estamos para ayudarte.

 

 

2 comentarios de “Fatiga crónica: cómo salir del bucle

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      Patricia Restrepo dice:

      Gracias Blanca, nos alegra que te sirva de referencia. Dependiendo de la hora que te despiertes se pueden ver involucrados órganos diferentes. Desde la consulta personalizada con Patricia puedes abordar esta situación, si lo deseas puedes pedir cita a cursos@patriciarestrepo.org
      Recibe un cordial saludo

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