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La higiene corporal va mucho más allá de la ducha

  • Patricia Restrepo
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dientes

“Cuida de tu cuerpo, es el único lugar que tienes para vivir” Jim Rohn

La higiene corporal, en realidad, va mucho mas allá de la ducha. La ducha limpia superficialmente y sintomáticamente el sudor, la polución y los agentes externos, la verdadera higiene comienza en nuestros hábitos alimenticios, si nuestra higiene alimenticia es la adecuada, el cuerpo no acumula sustancias mórbidas susceptibles a descomponerse y crear malos olores corporales, lo que sucede cuando el organismo se acidifica, dando lugar a la descomposición y hedor corporal.

En un recorrido por la historia vemos la evolución del baño o higiene en la vieja Europa y el Nuevo Mundo.

En el mundo civilizado de hoy el baño diario es visto como algo muy común, normal y hasta en cierto modo indispensable. La higiene personal es el concepto fundamental a la hora de hablar de aseo, limpieza y cuidado de nuestro cuerpo, pero todo esto no siempre fue así.

Los antiguos egipcios y hebreos ignoraban la existencia del jabón. En su lugar usaba una arcilla espumosa para higienizar el cuerpo.

Tanto en Egipto, como en Grecia y en Roma el baño adquirió implicaciones de carácter religioso, de poder y riqueza. Los faraones, reyes y emperadores usaban desde leche de cabra hasta los más finos aceites y cremas para el cuidado de la piel.

Sin embargo algunos griegos detestaban el baño, ya que, según ellos, el aseo personal era símbolo de debilidad y flaqueza. A pesar de ello los helenos rindieron honor a la diosa Higía, protectora de la salud y la limpieza, y de cuyo nombre deriva la palabra “higiene”.

En la antigua Roma la cultura del baño alcanzó gran significación. Los emperadores romanos llegaron a construir baños públicos, llamados las termas romanas, donde podían juntarse entre 2.500 y 3.000 personas por día. Estas asombrosas instalaciones disponían de agua fría y caliente, masajistas y cremas perfumadas.

Las cosas empezaron a cambiar a partir de la Edad Media. Con la expansión de las grandes pandemias y enfermedades se pensó que el agua era el transportador por excelencia de las infecciones. Los muy concurridos baños públicos empezaron a desaparecer.

A partir de aquí surge el baño “en seco”, que consistía en pasarse un paño seco por las partes más expuestas del cuerpo, cara, brazos, etc.

A esto se le sumó la actitud de la Iglesia hacia el baño, ya que los más connotados líderes religiosos consideraban el aseo como “un lujo innecesario y pecaminoso”, de hecho hasta hace no muchos años, las mujeres debían ducharse con el “chingue”, una especie de bata de algodón para evitar el contacto del agua directamente con el cuerpo.

Con el fortalecimiento del cristianismo, el baño fue abandonado casi por completo en toda Europa. Paradójicamente el Renacimiento no le puso interés al cuidado del cuerpo e higiene personal.

En 1492, como resultado del primero de tres viajes de Cristóbal Colón, se produjo un choque de civilizaciones que cambiaría el transcurso de la humanidad. Cuando Colón y sus subalternos llegaron al “Nuevo Mundo”, una de las primeras cosas que observaron en los nativos era su amor por la naturaleza y por el baño diario en las zonas donde había agua.

A pesar de que eran vistos como inferiores, Hernán Cortés no pudo disimular su asombro por la higiene en el recién “descubierto” continente.

Diego de Landa, misionero español, observó que en el sur de México “los indoamericanos se bañaban mucho y que eran amigos de buenos olores y que por eso usaban ramilletes de flores y yerbas olorosas…”

Landa también contempló, con notorio asombro, que “los indoamericanos se lavan las manos y la boca después de comer”, costumbre casi inexistente en el Viejo Continente.

Cuando los informes llegaron a España la reina Isabel dictó la siguiente orden: “No deberán bañarse con tanta frecuencia como hasta aquí lo han hecho porque, según nuestros informes, les causa mucho daño”.

Vespucio registró sobre las nativas lo siguiente: “No tienen nada defectuoso en sus cuerpos, hermosos y limpios…”

A pesar de todo, la pobre y escasa higiene europea, fue motivo de preocupación para muy contados pensadores de la época, entre ellos el filosofo y político francés Michael de Montaigne, cuando, entre otras cosas, escribió: “Estimo que es saludable bañarse, y creo que algunos defectos de nuestra salud se deben por haber perdido la costumbre, generalmente observada en el pasado, de lavarse el cuerpo todos los días”.

Entre los siglos XI y XII los árabes llevaron a España, y luego a Italia: el PERFUME. Que, aunque inventado miles de años antes, había desaparecido de Europa a partir de la expansión del cristianismo a raíz de la caída del imperio romano.

La llegada del perfume a Europa fue todo un éxito comercial. A medida que disminuía el interés por el baño aumentaba la demanda del “nuevo” líquido aromático para disimular los malos olores del cuerpo. Cuanto más fuerte y potente el perfume, mejor.

Luis XIV de Francia se bañaba únicamente por recomendaciones de su doctor. En esos tiempos las damas más entusiastas del aseo se bañaban, como mucho, dos veces por año. “El hombre debía oler a aguardiente, sudor y tabaco” era un refrán popular de la época.

Durante el siglo XVI los médicos creían que al agua, y muy en especial el agua tibia, debilitaba los órganos y dejaba el cuerpo humano expuesto a las enfermedades más contagiosas.

Los franceses consideraban el baño una actividad poco saludable. El Palacio de Versalles, construido entre 1661 y 1692 bajo las órdenes de Luis XIV, uno de los complejos arquitectónicos más impresionantes de Europa, no tenía un solo baño.

Pero finalmente Europa hereda gran parte del oro Americano, la higiene y el baño diario.

Te voy a compartir pequeños rituales de higiene que a la vez son profundas y medicinales usadas desde tiempos remotos y dejadas en el olvido por el vertiginoso mundo moderno, pero cuando empieza la primavera todas/os pensamos en formas de detox que en su mayoría se centran en dietas extremas y ayunos, incorporar los baños, enjuagues y duchas que os recomiendo a continuación complementan un estilo de vida saludable y una higiene completa, y lo más importante favorecen la descarga de toxinas, grasas estancadas y energía mórbida en el organismo.

Os propongo empezar por una práctica muy antigua y sencilla para incorporar a tu rutina diaria, es sin duda la costumbre más antigua en la historia de limpiar y revitalizar la sangre. Ayuda a abrir los poros de la piel, muy medicinal en casos de psoriasis, piel seca o caspa. Yo la hago cada mañana y es la mejor crema de belleza que conozco para la piel.

“Friega corporal”. La podemos hacer a primera hora de la mañana o antes de ir a dormir. Es beneficiosa porque ayuda a activar la circulación sanguínea, la circulación linfática y contribuye a promover el flujo de energía mental y física de todo el cuerpo. Así mismo limpia en profundidad la piel, devolviéndole la tersura y el color natural, es increíble como aunque te duches todos los días, cuando haces la friega la toalla se queda totalmente oscura y no entiendes de donde ha podido salir tanta suciedad.

Otra de las ventajas de esta friega es ayudar a descargar acumulaciones de grasa debajo de la piel y abrir los poros permitiendo la eliminación regular de toxinas y polución acumulada en la epidermis. Para la práctica de la friega corporal es indispensable que se haga con el cuerpo seco y fuera de la ducha. Puede ser antes o después pero nunca durante el baño. Cuando hay debilidad o estancamiento o tratamiento con medicamentos agresivos tipo quimioterapia o radio terapia, es muy adecuado hacerlo dos veces al día.

Preparación

Remojar una toalla pequeña de algodón o rizo en agua caliente, exprimir el exceso de agua, frotar todo el cuerpo en un orden, puede ser de los pies a la cabeza incluyendo cada mano cada pie y todos los dedos, cuando la toalla se enfríe volver a remojarla. Al finalizar la piel debería tornarse sonrosada o ligeramente roja, este resultado puede tardar unos días si la piel está obstruida con grasas acumuladas.

Existe una variante con jengibre, útil cuando hay desordenes óseos, articulares, diarrea, problemas digestivos, esclerosis múltiple, escoliosis, y personas con exceso de peso para remover la grasa subcutánea.

Como tratamiento externo, el propósito es promover una mejor circulación y flujo de energía por todo el cuerpo.

Para esta friega, calentar alrededor de 5 litros de agua, mientras se calienta el agua, rallar sobre una gasa más o menos 40 gr. de jengibre fresco, atar la gasa con el jengibre fresco y exprimir el jengibre en el agua. El procedimiento es igual al anterior pero con el agua de jengibre.

Los “baños de asiento” son otra praxis que no hace muchos años era habitual entre las abuelas. En la sabiduría de antaño las mujeres sabían que el cuidado del aparato reproductor y los órganos sexuales se debía en parte a este hábito, las mujeres, una vez habían pasado las reglas y antes de la ovulación, sumergían la cadera en una palangana con agua muy caliente para limpiar residuos o grasa no eliminada.

El baño de asiento es un tratamiento que además de ser bueno para los órganos reproductores de la mujer, calienta el cuerpo, ayuda con los problemas de piel y extrae los excesos de grasa y aceites del cuerpo, también contribuye a descargar los malos olores corporales producto del consumo de alimentos animales.

Elaboración

Secar a la sombra hojas de nabo o daikon o incluso de rábano, de manera que adquieran un color oscuro y estén quebradizas (si no se tienen hojas secas se puede usar un puñado de algas árame).

Colocar 4 o 5 manojos de hojas secas, o un puñado de algas árame en una olla grande, agregar 5 litros de agua y hacer hervir, reducir el fuego y seguir cociendo hasta que el agua adquiera un color marrón, incorporar una taza de sal marina no refinada, removiendo bien para que la sal se disuelva. Colar y echar el líquido caliente en una palangana o la bañera, añadir más agua hasta que el nivel de agua llegue hasta la cintura mientras se está sentada. Mantener la temperatura lo más alta posible y cubrir la parte superior del cuerpo con una toalla grande para inducir al sudor. Quedarse entre 10 a 20 minutos en el baño, o hasta que las caderas se vuelvan muy rojas y calientes. Cuidar de mantener el calor en la zona al salir del baño. Este baño es más efectivo antes de ir a la cama, pero ha de hacerse por lo menos una hora después de cenar.

“Baño de pies”

Quizá este baño aún se recuerda de soslayo, pero hoy vamos a mostrar todos los matices y la increíble utilidad que tiene. Tradicionalmente este baño se ha dado para imprimir calor al organismo, para promover la circulación hacia diferentes zonas del cuerpo, en diferentes disfunciones y circunstancias.

Los baños de pies suelen ser o a temperatura ambiente o calientes, y sólo con agua o también con diferentes hierbas, sal, jengibre o incluso con algas.

En caso de tensión física, riñones tensos, o próstata, sería adecuado con agua caliente.

Con agua caliente y un poco de jengibre es muy útil para las personas que sufren de disfunciones reumáticas, artríticas, Alzheimer.

Para el insomnio en general o especialmente después de las 2 de la madrugada se recomienda un baño de pies con agua caliente y un puñado de sal, pero si el insomnio es antes de las 2 de la madrugada o para aliviar la diabetes se recomienda un baño de agua a temperatura ambiente con un poco de sal.

Para una persona con desórdenes de azúcar en sangre, por ejemplo con hipoglucemia, es aconsejado un baño de pies con agua caliente salada y con jengibre.

En caso de resfriado un baño de pies con mostaza llevará toda la energía a los pies liberando la congestión y malestar.

Por lo general un baño de pies es más recomendado hacerlo en la noche antes de ir a la cama.

Preparación

Colocar una palangana dentro de la bañera y llenarla con unos 20 cm. de agua caliente o templada según necesidad, incorporar sal, caldo con jengibre o agua de decocción de cualquiera de estas algas (kombu, arame, wakame, hijiki), sumergir los pies durante 5 minutos, sacarlos y secarlos muy bien con una toalla.

Cuando no tenemos una necesidad especifica, un baño de pies de agua caliente con sal, modera los extremos y contribuye en conjunto al equilibrio y la armonía.

Si se tiene inflamación, hinchazón, o infección evitar el jengibre en el baño de pies. En todo caso consulta a un orientador macrobiótico.

“Lavarse los dientes” es una costumbre que sí tenemos arraigada, pero que en la mayoría de los casos se reduce al uso de una pasta química endulzada con sabores a mentolito o similares, que en realidad, dejan una sensación de frescor pero no estamos haciendo una higiene completa y adecuada.

La higiene bucal completa comprendería tres partes: mascar, enjuagar y cepillar los dientes. Esta destreza a la hora de asear la dentadura está muy difundida entre los pueblos nativos y aborígenes, entre los orientales.

1— Mascar 1 cucharada de semillas de sésamo o incluso una raíz hasta reducirlas a líquido. Ayuda en caso de recesión de encía previniendo la piorrea, y refuerza el esmalte dental. Mascar por la mañana, estimula además el hígado y mejora el fuego digestivo. Ya hemos visto en otros artículos todos los beneficios de mascar o masticar, en las funciones motoras, en la capacidad de concentrarnos, en la tonificación de la piel, en la conexión con todo lo que existe, regula el nivel de azúcar en la sangre, masticación para la salud del aparato reproductor, de la regulación del azúcar en la sangre etc.

2— El enjuague se realiza con 1 cucharada de aceite de sésamo de 1ª presión ligeramente caliente, haciendo buches que pasen vigorosamente por todos los lados de la boca durante 20 minutos, hasta que se transforme en un líquido blanquecino. Durante este  proceso, el aceite se mezcla con la  saliva cuyas enzimas extraen toxinas y bacterias del organismo, el líquido que queda se escupe de inmediato ya que está impregnado de toxinas. Esta práctica fortalece las encías, evita su sangrado y mejora las aftas bucales, elimina el sarro previniendo gingivitis y piorrea. Mejora el tono de la voz, y previene arrugas en las mejillas. 

3 — Limpiarse la boca con agua y sal marina o bien cepillarse los dientes suavemente con un dentífrico natural de aceite esencial de árbol del té y clavo o con cúrcuma, si se tiene tintura de caléndula añadir 1 cucharita al dentífrico cuando se inflaman y sangran.

“Para asegurar una vida saludable: come ligeramente, respira profundamente, vive moderadamente, cultiva la alegría y mantén un interés en la vida”. William Londen

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