Los lácteos en la dieta

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Por Patricia Restrepo

Podríamos empezar diciendo que mamar, la acción de succionar con los labios la leche de las mamas  es sin duda el mecanismo que la naturaleza proporciona para garantizar la continuidad de la especie. Sucede así en todos los mamíferos animales y humanos de la tierra.

Todos  los animales mamíferos durante su infancia subsisten únicamente a base de la leche de su madre, pero después de ser destetados comen otros alimentos y nunca vuelven a probar ningún tipo de leche.
Esta forma  universal no es respetada por millones de seres humanos, porque nos han convencido que debemos tomar leche todos los días de nuestra vida obtenida de otros animales.

Cada especie de mamíferos obtiene la leche del mismo animal de su misma especie; el ternero de la vaca, el potro de la yegua, y así el resto de animales.
Sería  impensable ver un ternero amamantándose con leche de una yegua, o a un chimpancé ordeñando una cabra, como también ver a una persona en la naturaleza abalanzándose sobre una vaca chupándole sus pezones para tener leche.

Este sentido común es olvidado por la mayoría de nosotros, pues nos hemos familiarizado con el hecho de tener todo tipo y variantes de leche a nuestro alcance: embotellada, empaquetada, desnatada, en polvo, etc. Pensamos que la abundancia de leche y productos lácteos en las tiendas significa que es sano, y que deberíamos consumirlo frecuentemente, todo ello sumado al constante bombardeo publicitario insistente y “convincente”.
Nuestra mente se ha creído que eso es así, cuando las evidencias científicas y el sentido común, tan olvidado en muchas ocasiones, nos diga todo lo contrario. Aquí tenemos algunos motivos de peso para dejar de tomar leche y derivados tras ser destetados.

Desde que nacimos nos dijeron que hay que beber mucha leche y tomar muchos productos lácteos para crecer, tener unos huesos fuertes y una salud radiante. Nuestros padres, nuestros profesores y los médicos, nos han inculcado, quizás sería mejor decir nos han impuesto, que la leche y los productos lácteos deben ser una parte importante de nuestra dieta. Muchas personas se han hecho eco de este mensaje y beben y toman estos alimentos cada día, pero sin embargo, carecen de buena salud, sus huesos cada vez son más débiles y tienen menos masa ósea. De hecho, se ha demostrado que los países donde se consumen más productos lácteos, EE.UU, Reino Unido y Países Escandinavos es donde hay más osteoporosis, y esto es normal teniendo en cuenta que el hábito de consumir leche y derivados durante toda nuestra vida va en contra del sentido común, nuestra fisiología y de la biología.

La única leche adecuada para el ser humano es la de su propia especie. La leche de vaca está adaptada a las necesidades nutricionales de los terneros, que doblan su peso en 47 días, tienen 4 estómagos y pesan 150 kg al cabo de un año. La leche de vaca contiene tres veces la cantidad de proteina que la leche humana y casi el 50% más de grasa.
Los bebés humanos son más pequeños que los terneros. Necesitan menos proteína, pero más de otros nutrientes para hacer sus necesidades especiales. La leche de la vaca contiene más cantidad de proteína, proporcional a su tamaño y al desarrollo de su crecimiento que es más rápido que el de los humanos.
La leche de vaca, por ejemplo, carece de los nutrientes necesarios para desarrollar el cerebro de los bebes humanos, pues a diferencia de los terneros, el bebé humano tiene un desarrollo de la motricidad fina, de las nociones temporespaciales y del desarrollo cognitivo.

La leche es indigesta una vez que la persona tiene más de tres años. En un estudio realizado en EE.UU. por el comité de nutrición, se descubrió que muchos individuos sanos desarrollan problemas de digestión, gases, calambres, diarrea, después de una hora o dos de beber leche. Se les diagnosticó como “intolerantes a la lactosa”. El comité de nutrición observó que los adultos tienen bajos niveles de lactasa intestinal y llegaron a la conclusión que esta es la norma en los adultos.

El 75% de los humanos, 3 de cada 4, a la edad de los 3 años invariablemente cesan de segregar dos encima necesarias para la digestión de los lácteos. Estas enzimas son la lactasa para la digestión del azúcar de la leche, lactosa y la renina para la digestión de la caseína, proteína de los lácteos, la cual contiene proteína y minerales como el calcio.
La práctica de usar leche más allá de la infancia, conduce a la enfermedad; incluyendo los siguientes síntomas: indigestión, gases, calambres, diarrea, constipados, resfriados comunes, asmas, alergias y desórdenes intestinales.

La leche es tóxica. Cuando se toma leche y productos lácteos, queso, mantequilla, nata, yogurt, nuestra flora intestinal los descompone, fermentando parte y pudriendo la otra, resultando sub productos tóxicos de desecho que envenenan al organismo y agotan su energía vital.
La leche precipita la formación de moco cuando el cuerpo intenta desintoxicarse a sí mismo. La presencia de productos lácteos en el cuerpo ocasiona la expulsión de moco a través de los órganos respiratorios, generando así resfriado común, asma, sinusitis, alergias, bronquitis, bronquiolitis, neumonía, pero también se acumulan en las trompas de Falopio, aparato reproductor, mamas, y en general en todos los espacios aéreos del cuerpo.

La pasteurización de la leche destruye sus nutrientes. Al calentar la leche, el calcio se transforma en inorgánico. Esto significa que su estructura molecular es alterada por el calor, convirtiéndose en inutilizable y tóxica. Además en el proceso de pasteurización, la caseína, proteína de la leche, se coagula y se endurece, dando lugar a la calcificación de los tejidos blandos del cuerpo.
Podría ser el responsable de enfermedades como artritis, cataratas, piedras en el riñón, dolor de espalda y un largo etc.

Antes de entrar en un análisis energético de lo que realmente produce la leche en el humano, vamos a hacer un análisis bioquímico partiendo desde las dos enzimas que tienen los humanos: la renina y la lactasa que son las encargadas de descomponer y hacer digestiva la leche de vaca. Dichas enzimas en casi todos los seres humanos desaparecen, dejan de producirse alrededor de los tres años.

Cuando la leche entra en el organismo y no encuentra dichas enzimas sucede que el estómago tiene que hacer un esfuerzo considerable para digerirla, y a pesar del enorme trabajo para que el alimento sea asimilado no lo consigue del todo. Así que la leche se queda en los intestinos adherida como una especie de pasta difícil de remover. Con el tiempo estas adherencias  se convierten en calcificaciones como una especie de costra, que con los años dan lugar a innumerables enfermedades, desde tiroides, alergias, excesos de flemas, mucosidades hasta enfermedades que ya hemos mencionado hasta llegar incluso hasta el cáncer.

La leche y en general los lácteos contienen dos proteínas: la caseína y la gamaglobulina bobina, que son altamente inmunogénicas, lo que significa que generan demanda en el sistema inmunológico, lo agotan “haciéndolo más vulnerables”. Estas proteínas difíciles de digerir para el organismo humano, son absorbidas en el flujo sanguíneo y contribuyen al desarrollo de enfermedades autoinmunes.
Energéticamente los lácteos generan dependencia y apego, una prolongación emocional del vínculo con la madre que se extiende a la incapacidad de desapegarse incluso de situaciones dolorosas o relaciones tóxicas. Una imposibilidad de destetarnos y ser autosuficientes e independientes.

Bioquímicamente podríamos concluir que el calcio que existe en los lácteos animales no es biodisponible para los seres humanos y contrariamente a lo que siempre se ha afirmado, nos desmineraliza. Si resumimos en una frase el efecto energético de la leche animal en los humanos, esta es “la leche es inflamatoria”. Esta relación la podemos estudiar claramente en “The China Study” del Dr. T. Colin Campbell, y también en “Your life in your hands” de Jane Plant.
Si nuestra motivación para tomar lácteos es obtener calcio, no olvidemos que las vacas comen mucha hierba, y que justamente en el reino vegetal, concretamente en las hojas verdes frondosas mezcladas con semillas de sésamo, algas y ligeramente salteadas, tenemos un buen aporte de calcio biodisponible. También encontramos alta concentración de calcio en las algas hiziki, semillas de sésamo negro, almendras tostadas, sin olvidar que para metabolizar el calcio es necesaria la vitamina D que se obtiene con la exposición al sol, o por medio de alimentos secados al sol. Al igual que es importante el ejercicio físico acompañado de respiraciones conscientes.

4 comentarios de “Los lácteos en la dieta

  1. entrar dice:

    Muy trabajado el blog|
    Un sitio web mas que currado gracias
    Su texto es bien elaborado
    Me chiflaria leer en detalle en relacion con el tema
    Llevo bastante de tiempo visitando su blog

  2. clara dice:

    Me parece interesantisimo, pero me gustaria saber si pasa lo mismo con la leche de cabra. dicen que es más digestiva pero tiene las mismas consecuencias? Gracias!

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