La alimentación moderna

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Por Patricia Restrepo

No hace muchos años el censo de los pueblos y las pequeñas ciudades podía hacerse simplemente contando el número de chimeneas, cada fuego representaba una familia, el fuego constituía el centro de la casa el lugar de encuentro, alrededor del cual se compartía el alimento. Durante siglos la familia y la casa estuvieron centrados alrededor de la cocina, de su fuego y su cocinera.

En los tiempos modernos se ha despreciado este papel y se busca quitarle toda importancia. La alimentación se ha reducido a una cuestión de calorías, vitaminas y proteínas. Un grupo de especialistas nos enseñan cuales son las necesidades de nuestro cuerpo y las grandes firmas preparan para nosotros platos listos para tomar rápidamente.

Las consecuencias de esta desconexión saltan a la vista, hay dos aspectos que garantizan la continuidad de la especia humana sobre la tierra, una es la capacidad de procreación y la otra es el sistema inmunológico, cada vez más mujeres jóvenes y en edad fértil tienen problemas de infertilidad, la efectividad del esperma del hombre ha bajado en un 70%. El ser humano moderno es cada vez mas vulnerable a virus y bacterias, son muchos los síndromes desconocidos y enfermedades auto inmunes que debilitan he incapacitan al ser actual.

Evidentemente hay muchos aspectos que influyen en nuestra salud física, mental y espiritual:  como el aire que respiramos sin cesar, las vibraciones sonoras y luminosas y todos los flujos inmensos e incesantes de vibraciones cósmicas y terrestres pero la mayoría de estas influencias no las podemos cambiar. El alimento que comemos cada día lo podemos elegir y cocinarlo de una forma u otra.

Yo tengo la convicción profunda que para la salud uno de los factores más importantes y determinantes es la alimentación que elegimos.

Esta convicción es ya una larga experiencia vivida conscientemente como abuela, como madre, como cocinera y como consultora Macrobiótica. El cuerpo es un sistema perfecto, enfermedades graves algunas con el apellido de incurables remiten cuando le suministramos al cuerpo el alimento adecuado que activa su propia capacidad de sanación y su retorno al estado natural de la vitalidad y la armonía.

Son muchas las teorías de cómo alimentarnos en forma correcta, muchas de ella desarrolladas a partir de una base científica, mi propuesta es la de retomar lo que tradicionalmente se hizo bien hasta hace unos 300 años cuando el influjo industrial y económico priorizó la rentabilidad sobre la armonía y el bienestar. Volvamos a la comida de las madres de nuestras bisabuelas, esta sabiduría no se puede improvisar, volvamos a los cere ales integrales, a las verduras y frutas de cada estación a las semillas, los frutos secos, a los fermentos caseros, al alimento desnudo, a los sabores naturales, a la reconexión con la tierra a la cocina de olla con ki.

En verano la energía llega a su máximo fulgor, está en su punto álgido frutos y floración se expresan en diferentes colores y sabores. Es un buen momento para disfrutar de las frutas y las ensaladas crudas para refrescar el cuerpo pero sin olvidar el aporte de minerales y carbohidratos completos; hemos pues de incorporar también cereales legumbres y algunas verduras de raíz. Una buena sugerencia es preparar ensaladillas con base de cereales y legumbres. Para no tender sólo a la fruta y líquidos que terminan por desmineralizarnos y debilitar el organismo haciéndolo muy vulnerable al frio venidero. La fruta además de cruda también podemos utilizarla para onfeccionar sopas y salsas templadas.

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