El beneficio de una sopa caliente en invierno durante el proceso de desintoxicación

Sopa detox invierno

Vivimos en un mundo basado en la inteligencia y la razón, donde las estructuras, protocolos, las estrategias de comunicación, las generalidades, el abarcar mucho y contener poco, marcan una era de información bulímica que conlleva a confusión y desorientación.

El desarrollo desmesurado y desequilibrado de una sola parte de nuestro cerebro, ha generado como modelo la “civilización” desconectada del sentido común, la sabiduría, la compasión y el respeto por todo fenómeno natural y todo ser sintiente del planeta.

Hace mucho tiempo un amigo me contó que le habían preguntado a su hijo en la escuela, qué entendía por civilización, y el pequeño dio esta respuesta: “el derecho o prioridad hacia el más débil o indefenso”.  Su respuesta me dejó fascinada y la entendí inmediatamente. No entiendo como nos podemos vanagloriar llamándonos una civilización desarrollada, cuando en realidad es totalmente lo opuesto.

Además de ignorar y atropellar al indefenso también hemos desdeñado a los mayores, hemos ignorado sus sabias enseñanzas, hemos ignorado la naturaleza como fuente de vida y salud.

“La prueba de un pueblo es su comportamiento hacia el viejo. Es fácil amar a niños, pero el cariño y el cuidado hacia los ancianos, los incurables, los desamparados son las minas de oro verdaderos de una cultura”, Abraham Joshua Heschel.

Seguramente cuando te hablo de sopas te recordarán a abuelos, ellos en su humilde bien hacer, nada pretencioso pero sí grandioso, sabían por su experiencia íntima con el alimento, lo que representaba una sopa para la nutrición de su familia.

Nada sabían de nutrientes, de comida saludable, pero guardaban un fino balance entre los alimentos que eran adecuados, tiempos de cocción, las cantidades y lo más importante, tenían la sapiencia del efecto y consecuencia que el alimento tiene en el cuerpo, para conseguir el bienestar.

Las sopas son un alimento excepcional, la relación biológica que tienen con el organismo humano es indescriptible. Por analogía nos recuerdan a la sopa madre de donde venimos como especie, al fondo marino de donde surge la vida a través de la relación sodio y minerales (presentes en la sal, los musgos, cristales y rocas).

Cuando las tomamos en invierno —estación donde las temperaturas descienden—, el factor contractivo o Yang se va hacia el interior del cuerpo dando como resultado una ralentización del metabolismo. Por esto, todo lo que enfríe el fuego digestivo, como ensaladas, frutas, licuados, azúcar, chocolate, café, estimulantes, en este periodo invernal, nos lleva a utilizar las reservas de vitalidad, pues el cuerpo tendrá el doble trabajo de calentar estas sustancias con sus propios recursos además de calentar el organismo.

¿Imaginas lo que pasaría si estas bajo la nieve intentando calentarte con ropa de abrigo y alguien viene y te hecha un cubo de agua helada?. Tu cuerpo tendría que utilizar su propia temperatura para secar y calentar la ropa, entonces el interior del cuerpo estaría tan frío que terminaría perdiendo el equilibrio. Y aunque el humano está provisto de una maquinaria muy refinada que cuenta con sensores ubicados en la piel que informan el cambio al hipotálamo —que es como el termostato del organismo, ubicado en el cerebro—, para activar el calor y producirlo, ¿cuantas veces y durante cuanto tiempo podría soportarlo?.

Cuando empezamos las comidas con sopas calientes, caldos, o cremas, el fuego digestivo se activa y la actividad orgánica se realiza de manera eficaz.

Pero cuando el estómago se queda frío, perdemos una gran cantidad de capacidad transformadora. En la visión de la dietética moderna  recomienda en estos casos utilizar suplementos de ácido clorhídrico o enzimas digestivas (en el caso de que el páncreas sea afectado por el frío). Pero la verdadera razón no es la falta de ácido clorhídrico o encimas digestivas, la razón es que la complexión natural de esos órganos necesita de una temperatura determinada para poder funcionar correctamente, es decir, que con la temperatura adecuada se van a producir de forma natural estos ácidos y enzimas correctamente. La máquina es sabia en sí misma, tiene su propia inteligencia somática.

Quien conoce las leyes de la naturaleza mínimamente sabe que el calor es el artífice de todas las transformaciones en la tierra. Cuando llegan las estaciones frías el hombre siempre buscó mecanismos internos y externos de mantener la temperatura interna, este es el origen de las sopas.

Cuando tomamos una sopa de sabor salado, notamos inmediatamente ese calor que asciende y se expande por todo el cuerpo incluso que las mejillas se sonrojan y esta reacción no sucede únicamente por la temperatura de la sopa, sucede por la unión de calor y sal.

El sabor salado según la medicina clásica China, se asocia con el invierno y con los órganos que se corresponden, riñones, vejiga, aparato reproductor, así mismo, con el cabello, huesos, dientes. En la antigüedad este conocimiento implícito sin teoría en  los agricultores les llevó no solo a comer comidas más calientes cuando la temperatura bajaba, sino también a utilizar una faja alrededor de los riñones para mantener la vitalidad y la fortaleza corporal.

Existen sopas que remineralizan, que relajan, que nos ayudan a desintoxicarnos, sopas que colonizan intestinos de bacterias positivas, sopas que incrementan nuestra respuesta inmune y sopas que curan.

Si buscamos la salud intestinal y ayudar a la asimilación de nutrientes, combinar granos de cereales con verduras de raíz será de gran ayuda.

Si buscamos que  los órganos hepáticos se relajen, las sopas serian más tipo caldos con muchas hojas verdes de energía ascendente, algas wakame y quizá un poco de vinagre de ume  o una umeboshi como condimento salado.

En cuanto a alcalinizar el organismo, proporcionarle vitalidad, incrementar la inmunología, eliminar radiación lo indicado es una sopa de miso.

Las sopas con muchas verduras, especialmente con verduras dulces, relajan el páncreas. Cuando las sopas son cremosas tipo crema de calabaza, zanahoria o cebolla, tonifican las funciones del bazo y del estómago.

El sabor picante activa ligeramente las funciones de los pulmones y la piel.

Cuando hablamos de desintoxicar el organismo, tenemos la idea bucólica de que se debe hacer con verduras crudas, batidos, frutas y licuados que en determinadas circunstancias (clima, constitución, hábitos alimenticios, edad) podrían servir, pero justamente en invierno la tendencia será la de bloquear el organismo más que catapultarlo.

RECETAS

Sopa de arroz

Reconstituyente, nutritiva.

Ingredientes:

—Restos de arroz integral.
—Una cucharada de lentejas.
—1 zanahoria.
—1 cebolla.
—Perejil.
—Un trozo  de alga kombu.
—Cúrcuma.
—Jengibre.
—Sal marina.
—Aceite de oliva.
—Agua.

Elaboración:

—Cortar el jengibre y la cúrcuma en trozos muy pequeños.
—Cortar las verduras en trozos grandes.
—Calentar una olla, añadir el aceite, sofreír  los ajos y la cúrcuma.
—Añadir las verduras y saltear unos minutos.
—Incorporar el arroz, las lentejas  y la sal.
—Agregar el agua y llevar a ebullición hasta que la verdura se ablande.
—Cuando la sopa haya unificado sabores, servir caliente con perejil.

Caldo verde

Desintoxicante hepático y biliar.

Ingredientes:
—1 tallo de apio.
—1 puerro.
—1 chirivía.
—Un poco de col repollo.
—Vinagre de umeboshi.
—Cilantro.
—Agua.

Elaboración:

—Cortar las verduras en rodajas finas.
—Agregar el agua.
—Hacer un caldo, en el último momento condimentar con vinagre de umeboshi.
—Servir con cilantro.

Sopa de verduras

Relaja el páncreas

Ingredientes:

—Un puñado de guisantes verdes.
—Un puñado de judías verdes.
—Un puñado de coles de Bruselas.
—1 Zanahoria.
—1 cebolleta tierna.
—Un poco de maíz dulce.
—Un nabo o daikon.
—Sal.
—Salvia fresca.
—Sal marina.

Elaboración:

—Cortar las verduras en trozos pequeños.
—Llevar a hervir  en suficiente agua hasta que estén totalmente blandas y se unifique el sabor.
—Condimentar con sal.
—Servir con salvia fresca.

Sopa dulce de calabaza

Tonificante del bazo y el estómago.

Ingredientes:

—100 gr de calabaza.
—100 gr de zanahoria.
—1 tallo de apio.
—1 cebolla seca.
—2 cucharadas de maíz.
—1 cucharada de miso dulce.
—Una pizca de sal.
—Menta fresca.

Elaboración:

—Cortar las verduras en cubos mas o menos de 1 centímetro.
—Llevar al fuego con agua que las cubra.
—Añadir la pizca de sal.
—Hervir hasta que ablanden y unifiquen el sabor.
—En el último momento disolver el miso en un poco de caldo.
—Servir con menta fresca.

Sopa de miso de invierno

Alcaliniza el organismo, coloniza intestinos, sube la inmunidad, descarga radiación del cuerpo.

Ingredientes:

—1 cebolla mediana.
—1 zanahoria.
—La parte verde de un puerro.
—3 centímetros de alga wakame.
—Una pizca de sal.
—Un poco de vinagre de umeboshi.
—Un poco de tamari.
—Cebollinos frescos o los rabos de una cebolleta.
—Un trozo de jengibre.
—Aceite de sésamo.
—Mugui miso.
—Miso blanco.

Elaboración:

—Cortar las verduras a trozos grandes o método rodado.
—Agregar el aceite a una olla y cuando este caliente para aprovechar el momento de combustión y que el aceite cumpla su papel, añadir las algas y las verduras.
—Saltear durante un par de minutos.
—Agregar el agua, hacer un caldo.
—En el ultimo momento incorporar los dos misos, el vinagre de umeboshi y el tamari.
—Servir con cebollinos frescos o con rabos de una cebolleta.

Crema de brócoli y puerros

Estimula el metabolismo de las vías respiratorias.

Ingredientes:

—1 trozo de brócoli.
—2 puerros.
—1 trozo grande de jengibre.
—Rúcula.
—Aceite de sésamo.
—Pimienta al gusto.
—Sal.

Elaboración:

—Cortar el brócoli en trozos grandes.
—Filetear el puerro en trozos  medianos.
—Filetear el jengibre.
—Saltearlo todo con un poco de sal en unas gotas de aceite.
—Añadir agua.
—Hacer hervir, triturar.
—Servir con pimienta negra y rúcula.

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