El lado amargo del azúcar

azucarcubos

Por Patricia Restrepo

Otoño,  dulce otoño. La naturaleza cambia de color, del verde brillante al naranja, marrón y amarillo, las hojas caen al suelo. Hay una plétora de comida, calabazas, coles, nabos, cereales, legumbres, cebollas y verduras, con un predominante sabor “el dulce”, que no tiene nada que ver con el azúcar refinado (sacarosa).

¿Cuál es el lado amargo de azúcar?.

La diferencia entre la vida y la muerte es, en términos químicos, menor que la diferencia entre el agua destilada y el líquido que sale del grifo. El cerebro probablemente es el órgano más sensible del cuerpo. La diferencia entre sentirse animado o decaído, calmado o irritado, inspirado o deprimido, depende en gran medida de lo que llevamos a la boca. Para la máxima eficacia de todo el cuerpo –de la cual el cerebro es meramente una parte- la cantidad de glucosa sanguínea debe estar en equilibrio con la cantidad de oxígeno sanguíneo.

“Cuando el nivel de azúcar en la sangre es relativamente bajo …, tiende a desvitalizar las células del cuerpo, especialmente las células cerebrales. Esto de trata con una dieta. ¿Qué nos sucede cuando las células de nuestro cuerpo, especialmente las de nuestro cerebro, están crónicamente desnutridas?. Las células más débiles y vulnerables son las primeras afectadas».

Cuando todo funciona bien, este equilibrio se mantiene con mucha precisión bajo la vigilancia de nuestras glándulas adrenales. Cuando tomamos azúcar refinada, sacarosa (C12 H22 O11), se convierte luego en glucosa. Por lo que escapa en gran medida al proceso químico de nuestro cuerpo. La sacarosa pasa directamente a los intestinos, donde se convierte en glucosa predigerida. Esa, a su vez, es absorbida por la sangre donde el nivel de glucosa ha sido establecido en un equilibrio preciso con el oxígeno. De esta forma el nivel de glucosa de la sangre aumenta drásticamente, se destruye el equilibrio, el cuerpo está en crisis.

El cerebro es el primero en registrarlo. Las hormonas fluyen desde las cápsulas adrenales y acaparan todo recurso químico para enfrentarse al azúcar: la insulina de los islotes endocrinos del páncreas trabaja especialmente para retener el nivel de glucosa en la sangre, en una función antagónico-complementaria a las hormonas  de adrenalina que elevan el nivel de la glucosa. Todo esto ocurre a un ritmo de emergencia, con resultados predecibles. Demasiado rápidamente, va demasiado lejos, desciende el nivel de glucosa de la sangre y aparece una segunda crisis como consecuencia de la primera. Los islotes pancreáticos tienen que cerrarse; lo mismo deben hacer algunas cápsulas de adrenalina. Deben producirse otras hormonas de adrenalina para regular el reverso de la dirección química y elevar nuevamente el nivel de glucosa en sangre.

Todo esto se refleja en la forma cómo nos sentimos. Mientras la glucosa es absorbida por la sangre, nos sentimos animados. Un estímulo veloz. Sin embargo a este impulso energético sucede una depresión, cuando el fondo se desprende del nivel de glucosa sanguínea. Estamos inquietos, cansados; necesitamos hacer un esfuerzo para movernos o incluso pensar, hasta que se eleva de nuevo el nivel de glucosa. Nuestro pobre cerebro es vulnerable a las sospechas, podemos estar irritables, un manojo de nervios, alterados. La gravedad de la crisis doble depende de la sobredosis de glucosa. Si continuamos tomando azúcar refinada, una nueve crisis doble empieza siempre antes de terminarse la anterior. La crisis acumulativa al final del día puede ser enloquecedora.

Tras varios años con días así, el resultado final son glándulas adrenales enfermas, agotadas, no por exceso de trabajo sino por un ajetreo continuado, la producción de hormonas en general es baja. La alteración funcional,  desequilibrada, se refleja en todo el circuito endocrino.

Gran parte de la confusión pública sobre el azúcar refinada es debida al lenguaje. Los azúcares son clasificados por los químicos como carbohidratos. Esta palabra manufacturada significa una sustancia que contiene carbono con oxígeno e hidrógeno. Pero no podemos fuera de los laboratorios denominar igualmente a los cereales integrales sin refinar (que han sido la base de la alimentación de la humanidad durante miles de años), y al azúcar refinada (que es una droga fabricada y el principal veneno de la humanidad desde hace sólo algunos siglos).  Este tipo de confusión posibilita el camuflaje practicado por los azucareros.

Fructosa es el azúcar de las frutas.
Maltosa es el azúcar de la malta.
Lactosa es el azúcar de la leche.
Sacarosa es el azúcar refinado de la caña de azúcar o la remolacha.

La glucosa ha sido siempre un elemento esencial en la sangre humana, pero la dependencia de la sacarosa es algo nuevo en la historia de la humanidad. ¿De dónde obtener una buena calidad de glucosa?. De los cereales integrales, legumbres, verduras y algas. Que requieren un masticado completo para su adecuada digestión. Por su gran cohesión, se desmenuzan lentamente y no se absorben hasta que alcanzan el intestino delgado. Suministrando una fuente estable de energía en contraste con los azúcares simples, que evitan el proceso digestivo normal y son absorbidos rápidamente por el torrente sanguíneo.

Tipos de carbohidratos según su velocidad de absorción intestinal

La rapidez de absorción nos define los distintos tipos de hidratos de carbono y así tenemos:

• De absorción muy rápida: mono y disacáridos de zumos de frutas, miel, azúcar, melaza de caña y siropes.

• De absorción rápida: mono y disacáridos asociados a fibras, como las frutas enteras; o los polisacáridos refinados, como el pan blanco y las harinas blancas.

• De absorción lenta: cereales integrales y derivados de los cereales, legumbres y algunas verduras y hortalizas.

La grasa y la fibra retrasan la absorción intestinal en los tres tipos. El poner hincapié en la absorción lenta de monosacáridos en el intestino estriba en que no se altere bruscamente el nivel de glucosa en sangre.

Indice glucémico

Nos indica la rapidez con que un carbohidrato sube la glucosa en sangre.

Podemos observar como la patata hervida tiene un alto índice, debido a que tiene mucho potasio, elemento que “dilata” la pared intestinal favoreciendo la rápida entrada de nutrientes, necesarios e innecesarios. Cuanto más procesado esté el alimento, “más limpio” mayor será el índice glucémico y por lo tanto deberá el páncreas, ayudado por el hígado excretar insulina para equilibrar la alteración de glucosa en sangre.

A título de información para que las alteraciones de glucosa en sangre oxiden lo mínimo, el páncreas segrega una hormona para quitar la glucosa en sangre (insulina) y otra hormona para aumentar la glucosa en sangre (glucagón), a la vez que también apoya la adrenalina.  Así es necesario trabajar con alimentos con bajo índice glucémico para evitar los vaivenes de glucosa que nos provocan un carácter alterado acercándonos enfermedades físicas y mentales.

Otra de las muchas razones por las que el consumo de sacarosa (azúcar refinada morena o blanca) no es adecuada para la salud, sin tener en cuenta las razones energéticas que nos llevan a vivir en desequilibrio, dependientes y ansiosos, sería en robo de tres minerales que se pierden cada vez que consumimos azúcar HIERRO, CALCIO, MAGNESIO.

Consumir azúcar:

• Adelgaza los huesos.
• Contribuye a la Osteoporosis.
• Produce acidez en la sangre.
• Provoca pérdida de memoria.
• Roba vitamina D al cuerpo.
• Es un alimento vacío, carente de nutrientes y alto en calorías.
• Es el principal responsable de la obesidad.
• Al tomar azúcar el cuerpo pierde la apetencia por la fruta y los *cereales integrales o los tolera peor.
• Perjudica la flora intestinal.
• Crea adicción.
• Favorece la caries dental.
• Reduce la acción antimicrobiana de los glóbulos blancos.

El azúcar está presente en casi todos los productos manufacturados, procesados, enlatados, embotellados, bollería, cerveza, lácteos y tabaco. Casi siempre camuflado bajo los nombre de edulcorantes: ASPARTAN, CICLAMATO, SACARINA, SORBITOL, MANITOL. Estos con efectos conocidos y algunos desconocidos. Irritan la mucosa intestinal, provocan diarreas y potencian el cáncer.

Come cereales integrales de grano cada día: arroz, mijo, cebada, trigo, avena, quínoa.

• Elige para endulzar melazas de cereales, de arroz, maíz o cebada.
• Introduce en tus comidas diarias más verduras redondas y de raíz: zanahorias, nabos, chirivías, todo tipo de coles, cebollas, calabaza. No centres el consumo de verduras en patatas, tomates, berenjenas y pimientos. Amplía a vegetales de hoja verde preparados al vapor: hojas de nabos, hojas verdes de las coles, diente de león, perejil, parte verde y blanca de los puerros, brócoli, grelos, berros, canónigos, nabizas, cardos, borrajas, achicoria, rábanos con sus hojas verdes. Y recuerda que la cocción debe ser muy corta, la textura del vegetal crujiente.
• Toma con regularidad bebida de verduras dulces, preferiblemente en ayunas: ayuda al nivelar el índice de glucemia. Excelente para el cansancio e inestabilidad emocional derivado de niveles bajos de azúcar.

Receta caldo de verduras dulces:

Ingredientes: zanahorias, cebollas, calabaza y col (repollo).

Elaboración: corta a partes iguales las verduras, añade 4 veces más de agua y déjalo hervor durante 20 min. Filtra el caldo y resérvalo. Puedes guardarlo hasta tres días. Con las verduras podrás hacer un puré añadiéndole un poquito de miso.

Descubre el dulce natural masticando con gratitud y conciencia muchas veces tus cereales integrales cada día.

(*) Cereales integrales, cereal entero sin que haya sido eliminada ninguna de sus partes, no nos referimos a los cereales en copos o en hojuelas procesadas que se venden en las herboristerías o supermercados.

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